Qué pantallas poner en una oficina de turismo y qué mostrar en ellas
Casi todas las oficinas de turismo tienen ya alguna pantalla. Una televisión con un vídeo promocional en bucle, un tótem táctil que llegó con una subvención, una tablet en el mostrador que nadie sabe muy bien para qué sirve. El problema casi nunca es el aparato. Es lo que se muestra en él y si de verdad ayuda a atender mejor al visitante.
Antes de comprar o renovar una pantalla, conviene hacerse tres preguntas. Quién la va a usar, el informador o el propio visitante. Qué tiene que pasar cuando alguien la toca. Y qué se lleva el visitante cuando se va de la oficina.
Los tres tipos de pantalla que tienen sentido
La pantalla de escaparate
Es la que mira hacia fuera o cuelga en la pared. No se toca, solo se ve. Sirve para lo que sirve un cartel, pero con movimiento. La agenda de la semana, el aviso de que un sendero está cerrado, la fiesta del fin de semana, el horario de la oficina.
Su error típico es el vídeo promocional de cuatro minutos. Nadie se queda delante de una pantalla cuatro minutos. Funcionan mejor los mensajes cortos, que cambian cada pocos segundos y que se leen desde lejos.
La pantalla de mostrador
Es la que usa el informador mientras atiende. Aquí la pantalla no es para lucirse, es una herramienta de trabajo. Su valor está en que el informador pueda preparar en un par de minutos un plan a la medida de quien tiene delante, en su idioma, y entregárselo para que se lo lleve.
Lo que más se agradece en esta pantalla es la velocidad. Rutas preparadas de antemano para los días de cola (la de medio día, la del casco histórico, la de playas), un buscador que entienda frases normales y una forma de pasar el plan al móvil del visitante sin imprimir nada.
El tótem o la tablet de autoservicio
Es la que usa el visitante solo, dentro o fuera del horario de la oficina. Es la más difícil de hacer bien, porque nadie lee instrucciones delante de un tótem. Si en los primeros segundos no entiende qué puede hacer, se va.
Las que funcionan suelen abrir directamente un mapa del destino, sin menús previos ni pantallas de bienvenida, con un buscador que entiende cosas como "qué hacer con niños" o "tengo dos horas". Y siempre terminan igual, con un código QR para llevarse lo que ha preparado a su móvil.
Qué contenido poner en cada una
La regla más útil es no repetir el folleto. Si la información ya está en papel en el mostrador, la pantalla no aporta nada mostrándola otra vez. La pantalla tiene sentido cuando hace algo que el papel no puede hacer.
- Adaptarse a quien la usa. Un plan para una familia con niños no es el mismo que para una pareja que viene a comer.
- Estar al día. Horarios, cierres, eventos de esta semana, avisos de última hora.
- Hablar idiomas. El visitante elige el suyo y todo cambia, no solo los títulos.
- Ubicar. Qué está cerca de la oficina, cuánto se tarda andando, cómo se llega.
- Entregar. Lo que el visitante prepara en la pantalla tiene que acabar en su móvil.
Y una cosa que se olvida mucho. La pantalla debe tirar del mismo contenido que la web y la guía del destino. Si cada pantalla tiene su propio contenido cargado a mano, en un año estará desactualizada y nadie sabrá dónde cambiarla.
El aparato es lo de menos
Un error habitual es empezar por el hardware. Se compra un tótem caro con un software cerrado que solo funciona en ese aparato, y cuando el contrato termina la pantalla se queda en negro.
Hoy no hace falta. Una pantalla de oficina puede funcionar en cualquier navegador, en el ordenador del mostrador, en una tablet o en el tótem que la oficina ya tenga instalado. Así el aparato se puede cambiar sin perder nada y el contenido no depende de quién vendió el tótem. Lo que se puede poner en cada una lo enseñamos con capturas reales en tótems y pantallas para oficinas de turismo.
Medir si la pantalla se usa
La pregunta que casi ninguna oficina puede responder es si la pantalla sirve para algo. Cuántas personas la usan, en qué idiomas, qué buscan.
Hay un dato especialmente valioso, lo que el visitante busca y no encuentra. Si cada semana varias personas buscan "aparcamiento de autocaravanas" y el destino no tiene nada publicado, eso es una necesidad real que la oficina puede resolver. Ese tipo de dato es también el que sirve después para justificar el proyecto en una memoria o ante el pleno.
Cómo lo hacemos en Visitea
En Visitea, la App Oficina de Turismo viene incluida en todos los planes y funciona en cualquier pantalla con navegador. Tiene dos modos. En el mostrador, el informador prepara el itinerario con el visitante y se lo pasa al móvil con un QR o por correo. En autoservicio, el tótem abre directamente un mapa táctil de todo el destino con un buscador que entiende frases.
Cada aparato se registra con su propia ubicación, así que la pantalla ordena los lugares por cercanía real y dice cómo llegar desde la oficina. Y lo que se busca y no aparece queda anotado, para que el equipo sepa qué contenido le falta al destino.
Si quieres ver cómo quedaría en tu oficina, pide una demo y te la enseñamos con el contenido de tu destino.
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