Visitea para
oficinas de turismo.

La App Oficina de Turismo. Tu equipo monta el itinerario con la persona delante, en su idioma, con inteligencia artificial o eligiendo los lugares a mano. Se lo entrega escaneando un código QR o por correo, y la pantalla vuelve sola al inicio para el siguiente. Sin aparatos que comprar, sin nada que instalar y con todo el catálogo del destino ya dentro.

Diez minutos explicando lo mismo y un plano marcado a boli que se pierde antes de comer. Con Visitea, esa conversación acaba en un itinerario de verdad dentro del móvil del visitante, en su idioma.

Funciona en el ordenador del mostrador, en una tablet o en el tótem táctil que ya tengáis. Nada que instalar.

Una atención, de principio a fin

Del "buenos días" al itinerario en su móvil.

La pantalla del mostrador está pensada para trabajar de pie y con alguien esperando: pasos cortos, letra grande y ninguna decisión que no haga falta.

1

Empieza por su idioma.

Lo primero que sale es una rejilla de banderas con los idiomas que tenga publicados el destino, y el titular va rotando por ellos para que quien llega vea pasar el suyo. A partir de ahí, el catálogo, el itinerario y el correo van en ese idioma. Se puede cambiar en cualquier momento sin perder nada de lo que ya se llevaba elegido.

2

El itinerario, en un minuto.

Dos caminos. Con inteligencia artificial, respondiendo lo que ya preguntas tú: cuánto tiempo tiene, qué le interesa, si va con niños, si necesita accesibilidad, si va a pie o en coche. O a medida, abriendo el catálogo del destino, marcando los lugares que le encajan y ordenando el recorrido a mano. Los dos salen del contenido real de la oficina, con las distancias calculadas desde vuestra puerta.

3

Se lo lleva en su móvil.

Un código QR grande en la pantalla, que escanea y abre la ruta en su teléfono. O deja su nombre y su correo y la recibe en su idioma, con el mapa y las paradas. Sin descargar nada, sin crear cuentas y sin tener que apuntar nada en un papel.

4

La pantalla se prepara sola.

Al terminar la atención, o tras unos minutos sin uso, vuelve al inicio y borra lo que había elegido la persona anterior. Nadie encuentra el itinerario del visitante de antes. Está pensada para quedarse encendida todo el día sin que nadie la toque.

Atendido o en autoservicio

La misma pantalla, según quién la use.

Atendido por tu equipo.

La persona del mostrador maneja la pantalla mientras habla con el visitante: busca, filtra, marca lugares y ajusta el recorrido. Tiene delante el destino entero, incluidas las empresas y los senderos que no caben en un folleto, y acaba entregando la ruta sin escribir nada a mano.

En autoservicio, en un tótem.

Cuando no hay nadie que atienda, o cuando la cola no da para todos, la pantalla se ofrece sola con las preguntas de siempre: qué hay cerca de aquí, tengo dos horas, vamos con niños, planes gratis, algo tranquilo, qué hay hoy. Si está lloviendo, los planes a cubierto suben al principio, y si hoy hay algo en el destino, la agenda pasa delante.

Y lo decides aparato por aparato.

Lo normal es tener los dos casos a la vez: el ordenador del mostrador lo usa quien atiende y el tótem del vestíbulo lo usa el visitante. Cada aparato se configura por separado desde el panel, sin tocar nada en el propio equipo.

Lo que el mostrador
tiene delante mientras atiende.

No es una versión recortada de la app del visitante: es el destino entero, con las herramientas que hacen falta para resolver una consulta de pie y con alguien esperando.

Catálogo

El destino entero, en tres pestañas. Lugares, senderos y empresas. En el mostrador se ve todo el directorio publicado, también los negocios que no salen en el mapa del visitante y los senderos del territorio. Las dos preguntas que más se repiten después de "qué veo" son "qué ruta hago" y "dónde como", y las dos tienen su lista.

Búsqueda

Los filtros de un mostrador, no los de una web. Abierto ahora, gratis, con niños y accesible, a un toque y sin bajar la vista, más las categorías del destino. El buscador entiende lo que se pregunta de verdad: escribir "algo con sombra" encuentra el sendero que lo es, aunque nadie lo llamara así.

Rutas de la oficina

Rutas preparadas para los días de cola. La de medio día, la del casco histórico, la de playas. Se dejan hechas con antelación y se entregan en un momento, o se cargan y se retocan con quien tengas delante sin estropear la original. En el tótem se le ofrecen al visitante como recomendaciones de la oficina.

Mapa

Un mapa hecho para tocarlo. Vista de satélite, botones de zoom grandes y marcadores que se pulsan con el dedo para ir montando la selección sobre el terreno. Es la forma natural de explicarle a alguien dónde está lo que le estás recomendando, y funciona igual con los senderos y sus trazados.

Detalles de tótem

Pensado para una pantalla pública. Teclado propio en pantalla para los tótems sin teclado físico, texto que crece solo en las pantallas grandes, y ningún enlace que saque al visitante de la aplicación y deje al siguiente perdido en una web cualquiera. Cómo llegar a un punto se resuelve dentro, con un QR.

Publicas una vez y aparece en todas partes: en el mostrador, en el tótem del vestíbulo, en la oficina de al lado, en el móvil del visitante y en la web del destino. En veinte idiomas.

Un solo panel, un solo contenido. Ni dobles cargas de datos ni folletos que se contradicen entre sí.

Dentro del ecosistema

El mostrador no es una isla.

La App Oficina de Turismo bebe del mismo contenido que todo lo demás. No hay que preparar nada aparte para el mostrador, ni acordarse de actualizarlo dos veces.

Lo que subes al panel sale a la vez en todos los sitios.

Puntos de interés, eventos de la agenda, empresas del directorio y senderos se publican una sola vez. Aparecen en el mostrador, en cada tótem del destino, en la aplicación del visitante, en los widgets de vuestra web y en el asistente de IA, con las traducciones ya hechas.

Varias oficinas, el mismo contenido.

Una ruta que prepara una oficina queda guardada en el destino, no en el aparato donde se hizo: al momento está disponible en todos los mostradores y tótems, también en los de las otras oficinas de la red. Y cada equipo trabaja desde su propia puerta, con sus distancias y sus tiempos.

Un horario que cambia, cambia en todo.

Se corrige una vez en el panel y se propaga al instante a los veinte idiomas y a todas las pantallas. También a los itinerarios ya entregados: el QR que se llevó un visitante ayer le enseña hoy la versión buena, no la vieja.

Y también fuera de la oficina.

El mismo contenido alimenta la agenda y los mapas embebidos en vuestra web, el plugin de WordPress, los códigos QR de la cartelería, el boletín del destino y las publicaciones en redes. Todo se escribe en el panel y se reparte solo.

La entrega

La ruta a medida se la lleva puesta.

Es la parte que hoy se pierde: el visitante sale de la oficina con lo que ha conseguido retener y un plano marcado. Aquí sale con el recorrido dentro del teléfono.

Escanea y ya lo tiene.

El código QR sale grande en la pantalla y se abre en el navegador de su móvil. Sin descargar aplicaciones, sin registrarse y sin depender de que le funcione el correo. Lo mismo vale para un sendero, un evento de la agenda o la ficha de un restaurante: cualquier cosa del mostrador se le puede pasar así.

O se lo mandas por correo.

Deja su nombre y su dirección y recibe el itinerario en su idioma, con las paradas y el enlace para abrirlo en el móvil. Útil para quien va a llegar mañana, para grupos y para quien prefiere tenerlo por escrito.

En la calle sigue funcionando.

Ya en su móvil, el itinerario se convierte en la visita: mapa con las paradas en orden, audioguía en su idioma, indicaciones para llegar de un punto al siguiente y el asistente para lo que le vaya surgiendo. La ruta que le montasteis en el mostrador es la que le acompaña todo el día.

Y el contacto se queda contigo.

Quien deja su correo aparece en el panel del destino con la procedencia "App Oficina de Turismo", y si marca la casilla del boletín entra como suscriptor con la confirmación doble que exige la normativa. Una oficina que atiende a miles de personas al año deja por fin de perderlas a todas.

El aparato

Sirve la pantalla que ya tenéis.

Sin aparato propietario.

El ordenador del mostrador, una tablet o el tótem táctil que ya esté instalado. Se abre una dirección propia del destino y se vincula tecleando un código de un solo uso. Nada que comprar, nada que instalar y nada que reprogramar cuando cambie el contenido.

Cada equipo sabe dónde está.

Al darlo de alta se marca su ubicación exacta en el mapa. Con eso ordena por cercanía real, calcula los tiempos de la ruta y responde "cómo llegar desde aquí" sin pedirle el GPS a nadie: a una pantalla que usan cien personas al día no se le puede pedir permiso de ubicación.

Bajo control desde el panel.

Se ve el estado y la última conexión de cada aparato, en lista o sobre el mapa, y se puede desactivar o desvincular cualquiera al instante si se cambia de equipo o desaparece uno. Si se cae el wifi, el mostrador sigue trabajando con lo que ya tiene guardado.

Datos

Por primera vez, el mostrador deja registro.

Lo que pasa en una oficina de turismo no se ha medido nunca: se atiende, se explica y no queda nada escrito. Aquí cada atención cuenta, y se distingue de lo que hace el visitante por su cuenta en el móvil.

Cuántos, en qué idioma y qué se llevaron.

Atenciones del mostrador, itinerarios entregados, idiomas más pedidos y qué se hace en la pantalla: qué fichas se abren, qué se busca, cuántas rutas salen con IA y cuántas a mano. Un bloque propio en las estadísticas del destino, separado del tráfico del móvil.

El radar: qué te piden y no tienes.

Cuando alguien busca algo en el mostrador y no aparece nada, queda anotado el término, sin visitante y sin hora. Una vez por semana recibes las carencias reales de tu catálogo. Es la pregunta que ninguna estadística sabía responder: un recurso que no existe no genera visitas, así que cuanto mayor era el hueco, más invisible era.

Mapas de calor del territorio.

Por dónde se mueven de verdad los visitantes y qué zonas pasan de largo, sobre vuestro propio mapa, con la posibilidad de mirar solo lo que salió del mostrador. Sirve para saber si las rutas que recomendáis se están recorriendo.

Para la memoria anual, ya hechas.

Al cerrar cada periodo llega al correo un resumen con las cifras comparadas y una lectura redactada de qué ha pasado. Los datos no se purgan mientras estéis de alta y se exportan a Excel, PDF o CSV para memorias, justificaciones y presupuestos.

Y además

Todo lo que sigue pasando fuera de la oficina.

La App Oficina de Turismo va incluida en una plataforma completa para el destino. Este es el resto, en corto.

El asistente que no cierra.

Un experto que solo sabe de vuestro territorio, entrenado con lo que publicáis: horarios, transporte, dónde comer, accesibilidad. Responde por chat o hablando en voz alta en veinte idiomas, reconoce monumentos por foto y se puede embeber en la web del destino. Si le preguntan por otro sitio, lo declina en vez de inventárselo.

El destino en el móvil del visitante.

Audioguías, modo guiado, mapas, agenda de eventos, directorio de empresas y senderos con seguimiento por GPS, sin instalar ninguna aplicación. Entra por un QR de la cartelería, por vuestra web o con la ruta que le entregasteis en el mostrador.

Un panel que trabaja contigo.

Copiloto de IA que ejecuta tareas con vuestra confirmación, traducción automática a veinte idiomas, importación de contenido desde webs, Excel o PDF, roles de equipo e historial de cambios. Y la difusión desde el mismo sitio: boletín del destino y calendario de redes sociales.

Lo que se lleva cada uno

Menos cola en el mostrador, mejor visita.

Para el visitante.

  • Sale de la oficina con la ruta hecha en su móvil.
  • Le atienden en su idioma aunque nadie en el mostrador lo hable.
  • No tiene que instalar nada ni registrarse.
  • Audioguía, mapa e indicaciones mientras recorre la ruta.

Para el equipo de la oficina.

  • La atención se resuelve en un minuto, también en agosto.
  • El idioma deja de ser una barrera para atender bien.
  • Las rutas preparadas evitan repetir el mismo trabajo cada día.
  • Cuando no hay nadie, el tótem sigue atendiendo.

Dónde encaja.

  • Oficina municipal con picos estacionales fuertes y personal justo.
  • Punto de información de un centro de visitantes o un museo.
  • Red de oficinas comarcales que comparten un mismo catálogo.
  • Tótem en un vestíbulo, una feria o una oficina sin personal fijo.

Empieza

Tu oficina sigue siendo la bienvenida humana.

La App Oficina de Turismo no sustituye a nadie: le da a tu equipo la herramienta para que esa conversación acabe en algo que el visitante se lleva. Te la enseñamos funcionando con el contenido de tu destino en una demo en directo: 30 minutos, en línea, sin compromiso.

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